Como superar la apatía en tu lucha sindical

un grupo de trabajadores se reunen en una manifestación

A todos les importa algo en el trabajo—pero tal vez no sea lo que esperas. Foto: Clay Showalter.

¿Alguna vez has sentido que eres la única persona a la que le importa el sindicato? ¿Que ninguno de tus compañeros mueve un dedo para ayudar? ¿Que el lugar de trabajo está estancado en la «apatía»?

Es una queja habitual. En los talleres de Labor Notes, a menudo pedimos a los afiliados sindicales que elaboren una lista de las razones por las que la gente no se involucra en su sindicato. Entre las respuestas típicas se incluyen:

-Falta de tiempo
-Falta de conocimiento
-El sindicato no es abierto; no hay manera para participar
-Conflitos entre grupos o individuales
-Mis compañeros sienten que nada podrá cambiar
-Todos sienten apatía
-Están buscando soluciones individuales
-Temor

¿Te suena familiar?

Tal vez sientas que a tus compañeros no les importa nada. Pero si insistes un poco, verás que eso nunca es verdad.

A todo el mundo le importa algo en el trabajo. Prácticamente a todos les importa su salario, por ejemplo. Nadie es indiferente a si su turno resulta miserable o agradable. Es imposible que no les importe.

¿Será que para la mayoría de tus compañeros de trabajo todo va genial en el trabajo? Tal vez estén completamente seguros de sus trabajos, amen a sus supervisores, ganen excelente dinero con fantásticos beneficios, no se preocupen por reducciones de personal o despidos, no enfrenten riesgos de salud en el trabajo y tengan confianza en su jubilación. Si es así, ¡abandona la lucha sindical y busca otro pasatiempo!

Lo más probable es que la gente siente miedo, o se sienta impotente y sin rumbo.

Dicen que todo está bien porque no creen que las cosas puedan cambiar. La organización sindical es el antídoto.

Por eso, al analizar por qué más personas no han dado el paso de enfrentarse al jefe, es importante examinar detenidamente la situación y descubrir cuáles son las verdaderas razones. Hay que diagnosticar el problema antes de poder recetar el remedio. No es apatía, pero ¿qué es entonces?

¿CUÁL ES EL VERDADERO PROBLEMA?

Aquí hay algunas maneras de entender qué se parece a la apatía y cómo responder a ella.

“A nadie le importa nada.”
A todo el mundo le importa algo, pero ese "algo" puede no ser lo que tú esperas. Elige a algunas personas del trabajo a las que te gustaría conocer mejor. Procura hablar con ellas y averigua qué les importa.

Tal vez la política de pruebas de detección de drogas que tanto te molesta no encabece su lista de preocupaciones porque hay otra cosa que les inquieta más: un supervisor déspota, una carga de trabajo agobiante, un riesgo para la seguridad, un dolor de muelas sin cobertura dental, unos turnos que apenas les permiten ver a sus hijos, verse obligados a defender una política absurda ante los clientes... La única forma de averiguarlo es escuchando.

Muéstrales respeto y comprensión. Cuando perciben eso de tu parte, es más probable que respeten las cosas que a ti te importan.

”Nada cambiará.”

O tal vez a tus compañeros de trabajo les moleste tanto como a ti la política de pruebas de detección de drogas, pero el asunto parezca demasiado grande para abordarlo. El jefe ha logrado transmitir la idea de que la decisión es definitiva, y luchar contra lo inevitable parece una pérdida de tiempo frustrante.

Es totalmente comprensible que la gente se sienta así, sobre todo si en su lugar de trabajo siempre ha reinado una sensación de impotencia y desorganización. La gente está acostumbrada a seguir la corriente para evitar problemas. Si tus compañeros nunca han sentido la fuerza de la unión ni han visto cómo una acción colectiva lograba cambiar aunque fuera algo pequeño, ¿por qué iban a creer que pueden cambiar algo importante?

Como activista sindical, tu misión consiste en inspirar a tus compañeras y compañeros de trabajo con un plan creíble para lograr la victoria. Sin embargo, esto no significa que debas ser un gran orador. Los hechos valen más que las palabras; sobre todo, tendrás que demostrarles—más que decírselo— que el cambio es posible: es decir, probarlo mediante la acción.

Por lo general, esto implica comenzar con acciones pequeñas: objetivos alcanzables con el grupo actual, dando pequeños pasos fuera de la zona de confort (y avanzando un poco más cada vez). Cuando esto funciona, se suma más gente... y, a medida que participan, su confianza aumenta.

Eso suele significar empezar con pequeñas acciones y problemas al principio: cosas que puedes lograr con las personas con las que ya cuentas, dando solo un pequeño paso fuera de su zona de confort (cada vez más lejos). Cuando la fórmula funciona, se suma más gente... y, a medida que participan, su confianza aumenta.

La desesperanza puede convertirse en un hábito arraigado. Es más fácil romper un hábito con el apoyo de un grupo. Reunir a las personas puede ayudar a los individuos a superar su desánimo.

”Nadie está dispuesto a hacer nada.”

¿Les has pedido personalmente que hagan algo concreto? La mayoría de nosotros no somos organizadores natos. Muchos no tomarán la iniciativa por sí mismos, pero responderán si alguien de su confianza se lo pide directamente.

Piensa en algunas peticiones muy pequeñas y concretas, y acércate personalmente a una compañera o un compañero. Al principio, esto puede ser tan sencillo como pedirles que respondan a una encuesta, ir a almorzar con otros compañeros para hablar de un problema o firmar una carta conjunta.

Respeta las limitaciones de tiempo que tengan y muestra mucho agradecimiento por cualquier cosa que estén dispuestos a hacer. Esta actitud de respeto hará que se sientan cómodos colaborando más en el futuro.

”Nadie va a las reuniones sindicales.”

Piense en cómo se notifica a las personas sobre las reuniones. Un correo electrónico o un aviso en el tablón de anuncios no son métodos adecuados; las invitaciones personales y cara a cara son, sin duda, la mejor opción. Divida el trabajo en su lugar de trabajo y busque a otras personas que le ayuden a invitar a los demás individualmente.

Considere también los aspectos prácticos que podrían hacer que las reuniones sean más accesibles: el horario, la ubicación, el cuidado de los niños y el idioma.

Además, cuando la gente asista a las reuniones, es fundamental que estas sean agradables y productivas; de lo contrario, ¡es probable que no vuelvan! Hoy en día, las personas tienen agendas muy apretadas, y usted demostrará respeto por su participación si planifica la reunión con antelación. Prepare una agenda clara, establezca una duración prevista y ofrezca un motivo convincente para asistir, como abordar un tema de gran actualidad o importancia.

Y lo más importante: sea paciente y no se rinda. La organización es una maratón, no una carrera.